Abejas en peligro: Neonicotinoides

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Los organismos polinizadores, incluidas las abejas y otros insectos, juegan un papel crucial en el mantenimiento de los ecosistemas y la biodiversidad y, de manera muy importante, en la producción de alimentos para la humanidad.
El dato que fundamenta tal aseveración es que tres cuartas partes de los cultivos de importancia económica a nivel mundial dependen de los polinizadores.
Desde hace años se ha comprobado la reducción drástica a nivel mundial en las poblaciones de insectos polinizadores, tales como abejorros o algunas otras especies de abejas.
Tal disminución es el reflejo de un sistema mundial de producción agrícola industrial fallido debido a la alteración de ecosistemas, expansión de la frontera agrícola de manera descontrolada y, de manera importante, al uso masivo de sustancias químicas altamente tóxicas tales como los llamados neonicotinoides, usados para controlar malezas y plagas y que tienen efectos dañinos en las diferentes especies de abejas melíferas y silvestres, otros organismos tales como las mariposas o insectos acuáticos con importantes funciones para la Ecología.
Los insecticidas neonicotinoides se introdujeron a mediados de la década de 1990, fueron presentados como sustitutos “benignos” de otros pesticidas más antiguos y más dañinos. A partir de la introducción de los neonicotinoides, estas sustancias han sido los insecticidas más usados a nivel mundial, de tal manera que hay estudios que demuestran que estos químicos están presentes en todo el ambiente, contaminan el agua, el suelo y la vegetación natural.
Comúnmente, los neonicotinoides (junto con un coctel de agroquímicos) se añaden para cubrir las semillas híbridas antes de la siembra y así protegerlas de insectos plaga presentes en el suelo. Las plantas toman los neonicotinoides del suelo y lo transportan a todos los órganos vegetales como las flores, el polen y el néctar, sustancias esenciales para la supervivencia de las abejas.
En promedio, las abejas cosechan miel aproximadamente a 4 kilómetros de la colmena, pero pueden visitar flores que estén incluso a 12 kilómetros de distancia de la colmena, la cual puede estar habitada hasta por 60,000 abejas adultas, por lo que para mantener la colmena se requiere una cantidad enorme de alimento.
Un indicador del grado de contaminación en un paisaje determinado es el nivel de pesticidas en la miel producida en una colmena.
Un estudio muy relevante detectó la presencia de por lo menos uno los principales insecticidas neonicotinoides (acetamiprid, clothianidin, imidacloprid, thiacloprid, thiamethoxam) en el 75% de casi 200 muestras de miel colectada en los cinco continentes.
Tal cantidad de muestras procedente de muchas partes del mundo permitió elaborar un mapa mundial de la contaminación por neonicotinoides.
A nivel de regiones, el 80% de las muestras de miel procedentes de Norteamérica contenían algún insecticida neonicotinoide, en Asia el 80% de las muestras, de Europa el 79%, y de Sudamérica el 57% de las muestras de miel contenían algún neonicotinoide.
Adicionalmente, el estudio reportó que el 30% del total de las muestras de miel analizadas contienen un insecticida neonicotinoide; el 45% del total de las mieles tienen entre dos y cinco; y el 10% de las muestras de miel contienen cinco neonicotinoides.
Se ha reportado que concentraciones de insecticida tales como las encontradas en las mieles causan diversas afectaciones a las abejas, tales como alteraciones en el crecimiento, daños en el sistema inmune, alteraciones en el aprendizaje y orientación, daños en los sistemas reproductivo y respiratorio y comportamiento general de la colonia.
El reporte sobre la presencia de insecticidas neonicotinoides en miel de todo el mundo renueva la polémica sobre la presencia de estos y otros tóxicos como el herbicida glifosato en la agricultura industrial.
Recientemente, otro estudio financiado por las dos compañías principales productoras de neonicotinoides a nivel mundial –Bayer y Syngenta– indicó que en efecto los neonicotinoides sí que dañan a las abejas: el estudio encontró aproximadamente 24% menos abejas obreras en la primavera posterior al periodo de estudio en campos de Hungría, uno de los tres países que participaron en el estudio.
Aunque los autores del estudio sobre la presencia de los insecticidas en las mieles de varios lugares del mundo indicaron que las concentraciones detectadas no parecen ser dañinas para la salud humana de acuerdo con los límites admisibles fijados por la Unión Europea y los Estados Unidos, debe mencionarse que durante la producción agrícola con fines mercantiles se aplican una gran cantidad de insecticidas y otros pesticidas (un estudio encontró hasta 19 diferentes compuestos químicos en una región agrícola de Colorado, Estados Unidos) y no pueden descartarse posibles interacciones entre dichos químicos que potencien su actividad tóxica para las abejas, otros organismos silvestres o los seres humanos.
El nivel de riesgo en el que se encuentran especies de polinizadores es tal que recientemente una especie de abejorro (Bombus affinis), fue incluida en la lista de la Ley de Especies Amenazadas de los Estados Unidos.
La disminución de esta especie de abejorro ha sido de un 87% desde finales de la década de 1990; época de la implementación de los cultivos transgénicos principalmente en los Estados Unidos, ¿alguna coincidencia?

 

 

Emmanuel González-Ortega
Publicado en Biodiversidad en América Latina

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