Antropoceno. Gran Trastorno

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La magnitud expansiva del cambio ambiental imperante en el planeta es perfilado en un nuevo y lúcido ensayo como una época inédita donde conviven el apocalipsis y el renacimiento.
No publicado aún en castellano, el libro que aborda esta problemática se titula, “El cambio climático y lo impensable”, y es obra del novelista hindú Amitav Ghosh, autor de varias aclamadas novelas, entre ellas “La marea hambrienta”.
Ghosh nació en Calcuta en 1956, reside actualmente en Estados Unidos, y es autor de muchos libros y artículos de ensayos y de ficción, que han recibido variados premios, y donde manifiesta una amplia gama de preocupaciones ambientales.
A grandes rasgos, Ghosh sostiene que tanto la literatura como la política se han trasformado en una cuestión de especulación moral y dejaron de ser un ámbito para el accionar colectivo.
Y por ello, expresa, “la crisis climática nos invita a imaginar otras formas de existencia humana”, marco desde el cual este notable escritor considera que es perentorio enfrentar la tarea más urgente de esta época: la probable inviabilidad del planeta tierra.
Al evaluar este libro, Fredrik Albritton Jonsson, profesor de historia en la universidad de Chicago, sostuvo que “la magnitud del cambio ambiental que ahora enfrentamos exigirá una reorientación fundamental de la política, la economía y la cultura: el único modo de configurar un hogar en nuestro nuevo planeta”.
Si bien algunos críticos han acusado a Ghosh de aplicar un “realismo oscuro” frente a las opciones sociales imperantes, otros han señalado que este pensador insiste en indicar esperanzas en latitudes no siempre tomadas en cuenta, por ejemplo, lo “espiritual”.
Ghosh propone que las tradiciones religiosas podrían ofrecer bases sociales más efectivas para la resistencia popular, al punto que los movimientos religiosos “podrían movilizar a la gente en mayores números que las organizaciones seculares”.
En particular porque los principios espirituales van más lejos que las fronteras de las naciones-estado y “abarcan responsabilidades intergeneracionales a largo plazo que no son condicionadas por las fórmulas economistas de pensamiento”.
En este plano, surge la “idea de lo sagrado”, que implica la aceptación de límites y limitaciones que podrían contribuir a crear la búsqueda de formas radicales de justicia climática.
El profesor Jonsson señala que a la par del cambio climático existen otras ocho crisis que hoy colocan bajo presión a varios medulares sistemas terrestres.
En principio, el uso de los suelos está variando velozmente debido a la urbanización, la mega-agricultura y la presión poblacional.
También, en muchos ecosistemas se incrementa la pérdida de biodiversidad, y la acidificación está afectando la biodiversidad marina así como la capacidad de los océanos para absorber el dióxido de carbono.
El abastecimiento de agua dulce viene deteriorándose en numerosas regiones, y se reconoce que en la atmósfera la sobrecarga de polvo (aerosoles) y la pérdida de ozono disminuyen la estabilidad general.
Por su parte, la agricultura industrial sigue perturbando los ciclos globales del nitrógeno y del fósforo; y además la contaminación química plantea riesgos no solo a nivel regional sino también con proyección global.
Esta gama de impactos desequilibrantes de las fronteras planetarias ha sido calificado como una Gran Aceleración, donde la saturación con emisiones de carbono ha saltado de 350 partes por millón a más de 400 ppm.
En el año 2000, el químico atmosférico Paul Crutzen y el ecólogo Eugene Stoermer propusieron un nuevo nombre para la era geológica que venía implantándose globalmente: el Antropoceno o era del impacto humano en el clima global.
Quedó así ultrapasada la era precedente, el Holoceno, período de 11.700 años que abarcó la Era Industrial y la Gran Aceleración (el notorio “boom” económico posterior a la II Guerra Mundial).
Según Ghosh, la causante del Gran Trastorno surge de cierto tipo de racionalidad que cierra el ciclo del imperialismo europeo, y se abre a partir de la adopción del carbón y del petróleo como promotores del “progreso”, por parte de India y China.
Asimismo, la quema de bosques y selvas en territorio asiático también contribuye al desequilibrio climático: por ejemplo, para producir ladrillos solo las calderas de Bangladesh queman unos dos millones de toneladas de leña por año.
A esta altura, sostiene Ghosh, no es posible universalizar la Gran Aceleración: “cada familia del mundo no puede tener dos autos, una lavadora de ropa, y una refrigeradora, pues la humanidad acabaría asfixiándose en tal proceso técnico y económico”.
“La lección de este experimento revelador es que las pautas de vida que engendra la modernidad solo puede ser practicada por una pequeña minoría de la población del mundo”, concluye Ghosh.

 

 

Miguel Grinberg
Periodista

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